15,00

Cuentan los escritos digitales de la época que, en los inicios del siglo XXI, sobrevivió una estirpe de extrañas criaturas por cuyas venas corría tinta en lugar de sangre.

Seres que, en vez de adorar a estrellas, crucifijos o estampas de santos y profetas, usaban lápices, plumas y bolígrafos para invocar a sus dioses.

Una raza especial de humanos que sudaban tinta para componer versos y fábulas de propiedades mágicas; cuentos y poemas que permitían dar la vuelta al mundo en tres frases, encontrar a la persona amada detrás de un adjetivo o apresar al criminal más buscado sin levantarse del sofá.

José Ignacio García Martín, profesor de Aula de Escritores